lunes, 13 de agosto de 2012

Ella.... Mi Madre

Escrito por María Consuelo Idrobo.

Este poema  lo hice a mi madre, en uno de esos días en que la pena y la tristeza  me agobian.


Ella... mi madre!!!!
Ella, la que la vida me dio
la que me acuno en sus brazos
la que me amamantó y cuidó
Ella que con su ternura y besos
me vio crecer,
me enseñó a ser mujer

Ella que de mis hijos cuidó
ella la que conmigo vivió
la confidente, de mis tristezas
la que animaba mis fortalezas
Ella es esa mujer
Ella es ese ser, es mi madre

Ella , está inmóvil, está ausente
ella en una cama sufre o será que no siente?
o tal vez ya no vive aunque esté presente
más en su mirada pide a gritos descansar
con su mirada perdida aún quiere dar

Nunca se le acabó el amor
para sus hijos, para sus nietos
tan grande fue siempre su entrega
más hoy la vida le niega
compartir , vivir, y darnos amor

las circunstancias y la enfermedad
la vencieron sin piedad
extraño su presencia
de ella no hay sino su ausencia
y aunque está ahí, ya no está
sólo están sus recuerdos



Octubre 3 de 2011

martes, 7 de agosto de 2012

Un Angel bajó del Cielo - cuento infantil


Un Ángel bajó del cielo

Escrito por María Consuelo Idrobo.

Era el mes de Agosto,  en una tibia noche llena de estrellas, en un lugar lejano casi desértico, se encontraba sumido en sus pensamientos un niño de aproximadamente ocho años, estaba preocupado por la salud de su madre, una gran mujer a quien el quería mucho.
Se llama Franz, es un joven inteligente, estudioso y trabajador,  ayuda en todo lo que sea necesario en su hogar,  el padre hace unos años murió.
Franz está muy triste por la salud de su madre que presenta fiebre y un fuerte dolor de cabeza, viven lejos de la ciudad, y no tienen recursos para buscar un médico. La madre está muy enferma,  Franz  teme por su vida.
Esa noche oraba a Dios diciendo: “Padre, Tu que me has dado la vida, y también se la has dado a mi madre, escúchame: Mi mamita está muy enferma,  yo te pido que la sanes, que le quites su dolor, porque yo la necesito, me haría mucha falta si tu te la llevas, me quedaría muy solo,  yo solamente te tengo a ti en el cielo y a ella en la tierra, te prometo que siempre seré obediente y la cuidaré,  sé que aunque el cielo esté muy alto, Tu me escuchas” Franz mira al cielo pidiendo ayuda, él sabe que allá donde están las estrellas esta la morada de Dios.
De un momento a otro, ve que una estrella brilla más que las otras, se queda atento mirando, se da cuenta que esta estrella se ve más grande a cada momento, como si se estuviera cayendo, Franz  sigue mirando,  puede ver que cada vez se acerca más, siente miedo, pero a la vez mucha curiosidad, se queda esperando, sabe que algo sucederá.
En un momento se ve rodeado de mucha luz, todo el lugar se ilumina, de esa gran luz se va formando la figura de una persona que se le acerca, a medida que esto pasa, en el corazón de Franz suceden muchas cosas, siente una indescriptible felicidad,  es tan hermoso todo,  piensa que está soñando, que esa sensación tan especial que está sintiendo no puede ser real.
Franz no puede verle el rostro pues es muy brillante, la luz que emana hace imposible distinguirlo. En unos momentos escucha una voz suave y amorosa que le dice: "No temas yo te ayudaré, cuando regreses a tu casa tu madre estará bien, ve y quédate con ella".
Franz corrió hacía su casa, encontró a su madre sentaba en en su cama, estaba esperándolo para contarle que alguien estuvo en su alcoba,  que colocó sus manos cálidas en su cabeza e inmediatamente ella se sintió mejor, que ya no estaba enferma, que se sentía tranquila, con mucha paz.
Franz estaba inmensamente feliz y agradecido con este personaje que le había dado la salud a su madre, quería saber quien era, quería volverle a ver.
En la siguiente noche volvió al lugar, empezó a orar pidiendo que quisiera saber quien lo había ayudado, que deseaba volverle a ver y saber más de él.
Alzó su mirada al cielo, esperando que nuevamente sucediera el maravilloso encuentro, y efectivamente, volvió a ver la estrella que brillaba más que nunca, cada vez se acercaba a donde Franz , en un momento nuevamente todo se iluminó, casi hasta enceguecerlo,  nuevamente se dio ese momento de éxtasis de tanta felicidad que no puede describir, todo sucede igual que la primera vez, poco a poco se va formando la figura de una persona, una figura muy  brillante a quien no le puede ver el rostro.
Y le dice: Desde muchos años antes, siempre he ayudado a quien lo ha pedido con fe. Que tú me veas es algo que no pasa mucho, pero pasa; porque el miedo lo impide, pero tú tienes un corazón limpio y puro, además eres muy valiente , tienes mucha confianza en Dios.
Somos muchos los que ayudamos a la gente, soy un Ángel, y Dios me ha enviado para que te ayude.
Franz está muy feliz, es maravilloso lo que está sucediendo, sigue mirando al cielo, imagina que está soñando,  ve que no solamente es una, sino varias estrellas que brillan intensamente,  y como preguntando que pasa, dirige su mirada al Ángel que está con él,  este le dice:  somos muchos los que estamos dispuestos a ayudar a las personas que lo piden con fe, como tú.
Nuevamente alza su mirada al cielo,  queda atónito al darse cuenta que las estrellas que ahora se ven más luminosas, se acercan produciendo una gran luz que ilumina  intensamente el lugar. Sucede lo más espectacular, van descendiendo aproximadamente unos diez hermosos ángeles, brillan tanto que Franz no puede distinguir sus rostros, pero si puede sentir la gran felicidad que antes había sentido, sólo que esta vez siente como si estuviera en otro lugar, pues todo a su alrededor es bellísimo, hay muchos colores, se siente en las nubes flotando como una pluma que el viento mece de un lado a otro, en momentos cree que está en los brazos de alguien que lo arrulla, cierra sus ojos, escucha una suave melodía y percibe un agradable olor a flores, Franz no sabe cuanto tiempo duro extasiado  en esta maravillosa visión, cuando abrió nuevamente sus ojos estaba sobre la hierba, sentía una inmensa felicidad, e intenta mirando al cielo que semejante experiencia vuelva a repetirse, el Ángel que lo acompañaba ya no estaba, le había dejado un perfumado ramo de rosas a su lado, Franz pensó que tan lindo detalle debería llevárselo a su adorada madre.
Al regresar a su vivienda encuentra a su madre preparando los alimentos, la ve muy bien de salud, muy feliz, se acerca y le entrega las flores, ella las recibe muy agradecida, le gustan mucho las rosas, son sus flores preferidas, las coloca en un florero. Son tan hermosas que visten de fiesta el humilde hogar.
Desde aquel día Franz y su madre siempre tendrán rosas en su casa, siempre percibirán el agradable aroma de las mismas, pues éstas se mantendrán siempre vivas.
En las noches, antes de ir a dormir, Franz sale al campo a mirar el cielo, saluda a todas las estrellas que brillan, sabe que son ángeles que siempre los cuidarán.

Fin

domingo, 22 de julio de 2012

UN FESTEJO


Un Festejo

Siempre te he buscado
Siempre te he llamado
Cuando más triste me sentía
Un regalo me ofrecías

Con tu infinito amor
En un amanecer soñoliento
Aún sin nacer el sol
Aún durmiendo el viento

Mi espíritu a volar sacaste
Y contigo me llevaste
En las alturas me veía
Entre nubes de felicidad me sentía

En el rocío de la madrugada
Los rayos de luz se miraban
En mil colores repartían sus reflejos
Era un regalo de belleza, era un festejo

Mi alma quise regalarte
No quería volver, quería quedarme
En tus maravillas extasiada
De tu luz iluminada

Más nuevamente en mí
Nuevamente aquí
Mi cuerpo no mover quisiera
Si mi espíritu volar pudiera


Escrito por : Ma. Consuelo Idrobo
                   Julio 2002

SOY..

Escrito por : María Consuelo Idrobo




Soy..
Soy la música del alba
en la aurora
dejo mi coraza,
dejo mi capullo
la naturaleza me abraza

voy con el viento
no hay pensamiento
simplemente el universo


Sin alas toco el cielo
acaricio las nubes
soy una gota de rocio,
soy brisa,soy luz, soy color
sin forma, simplemente soy


Agosto 28/2011


martes, 17 de julio de 2012

DESPLAZADOS - CRONICA

  (Recomendado)

Es un día lunes del año 1997 en la ciudad de Bogotá, me encuentro en el Centro Internacional, cerca al Museo Nacional, hace mucho frío, y cae una llovizna pertinaz  que nos hace sentir el deseo de tomar algo caliente. Aprovechamos que es la hora de almorzar para salir a buscar el restaurante donde siempre lo hacemos, somos varias compañeras que trabajamos en uno de los  bancos que están en este importante sector de la ciudad.
Ese día nos sorprendió mucho ver en la esquina del edificio a una joven familia que supusimos eran campesinos,  compuesta por una pareja sencilla y humilde, por la ropa que llevan notamos que son provenientes de alguna zona de clima caliente, del interior del país. Con edades aproximadas entre 30 y 28 años, tal vez menos, con tres hijos pequeños, de quienes adivinamos tienen entre  cinco, tres y un año de edad. Un niño el mayor, y otras dos niñas, la más pequeña en los brazos de la madre, pues aún no camina.
Ellos estaban sentados en el suelo, arrumados para conseguir algo de calor, no podían disimular la angustia, no decían nada, bastaba con mirarlos para saber lo que les pasaba.
Con vergüenza y timidez recibían la ayuda de la gente que pasaba, nosotras teníamos curiosidad, deseábamos conocer su historia, no porque fuera un caso raro, porque en nuestro país y por estos tiempos, la mendicidad se ve por todos lados; sino porque nos llamaba la atención ese cuadro triste que ofrecían.
Al mirar sus rostros podíamos ver su tristeza, su inocencia, su timidez y la vergüenza que tenían de estar ahí, ese análisis que hicimos en silencio sin decirnos nada, nos  provoco preguntarles porque estaban ahí y que les pasaba.
Nos dimos cuenta que era una bonita familia campesina, que no estaban ahí por su gusto, sino porque las circunstancias sociales de nuestro país los había obligado a abandonarlo todo, y ahora a estar encajados en ese grupo bautizado como "desplazados"
Para salvar sus vidas, tuvieron que arriesgarse a venir a la ciudad, que como un monstruo gigante los tenía asustados y con ganas de destruirlos.
“Es la guerrilla, son los paras, son los narcos, no sabemos bien cuales son unos y cuales son otros, sólo sabemos que ellos  nos quitaron nuestra casa, mataron a varios familiares y también querían nuestras vidas sino les dejábamos nuestras tierras, nuestras casas y animales…. lo perdimos todo, pero era eso o la vida”.
Temblaban de frio y tenían hambre, el poco dinero que habían traído ya se les había acabado, hacía dos días que deambulaban por las calles. Durante los primeros días pudieron dormir en un hotel mediocre, ahora no sabían donde hacerlo, les han dicho que hay un lugar donde duermen las personas que viven en la calle y que por poco dinero pueden conseguir un rincón, para por lo menos no dormir bajo la lluvia.
Nos pusimos de acuerdo con nuestras compañeras y decidimos que al otro día les traeríamos ropa, comida y algo de dinero,  les dijimos que íbamos a estar pendientes de ellos.
Así pasaron varios días, ellos recibían la ayuda de  la gente que trabajaba en ese sector, y con eso, es probable que hayan podido dormir bajo  techo en algún lugar.
Después de varios días el señor apareció con una caja para limpiar calzado, la había comprado con algún dinero que había reunido, pensaba que algo podía ganar limpiando y brillando los zapatos de los señores que transitaban por este lugar.
Esa pequeña esperanza no les duro mucho tiempo…… no los volvimos a ver. Unos días después supimos lo que les pasó.
Una tarde iban de regreso al lugar donde pasaban la noche, y fueron asaltados,  él fue apuñaleado para robarle la caja y las pocas monedas que había conseguido.
La señora no se separó de él mientras estuvo en un hospital de caridad, nos decía que tenía mucho miedo de andar sola por esas calles, que sin él se sentía desprotegida, pero las heridas que le causaron fueron graves y nada pudieron hacer para salvarlo.  El esposo y padre murió.
 Seguimos viendo a la señora con sus tres niños, sentada en el mismo andén, algunas veces lloraba, pero después de un tiempo ya no lo hacía, su cara cada vez era más inexpresiva, su mirada muchas veces se perdía a los lejos, creemos que  había decidido no luchar más y dejarse llevar.
Nos contaba que tenía que dormir en la Calle del Cartucho, que tenía que soportar todo lo que querían hacer con ella los delincuentes y drogadictos que vivían allí, que temía por sus niños.
Hubo personas con buenas intenciones que acudieron a no sé que entidad del gobierno pidiendo ayuda, pero nadie escuchó.... y los días pasaban, y ella seguía con sus niños en las mismas condiciones.
Un día cualquiera, salimos a almorzar como siempre lo hacíamos a la hora del medio día, y ella estaba llorando, sentada en el piso, y tenía en sus brazos a la niña pequeña y  sobre sus piernas la otra niña, el niño no estaba..... ¿Qué pasó? le preguntamos.... ¿Por qué llora? ¿Dónde está el niño?
“Un carro negro que avanzaba despacio, paro al frente mío y una mujer se bajo, creí que venía a ofrecerme ayuda, pero  no era así, alzo en sus brazos a mi niño y sin decir nada, se lo llevó....”
Que impotencia se siente, que dolor, porque tiene que pasar esto?  La tristeza fue tan grande que las lágrimas rodaron por nuestras mejillas, que rabia contra todo esto, con la gente, con el gobierno, contra el sistema, contra nosotras mismas, que permitimos tantas injusticias... Dios ¿hasta cuando esta mujer soportará tanto dolor?
Debía colocar el denuncio ante las autoridades, había gente que vio lo sucedido, y ella fue donde le dijeron, hizo lo que podía hacer, pero nadie la escucho, había que esperar, y esperando se quedó, porque el tiempo pasó y de su hijo nunca jamás supo nada, hasta que el dolor la venció y tuvo que resignarse a saber que había perdido a su esposo y a su hijo.
 La seguimos viendo, ya no caminaba, arrastraba los pies, si alguna vez nos sonreía, ya no lo hacía, llevaba en sus brazos a la niña más pequeña y la otra caminaba agarrada de su vestido.
Esta mujer era diferente a tantas que ejercen la mendicidad, ella no sabía hacerlo, tampoco sería capaz de volverse delincuente como tantas, o dedicarse a la prostitución, esa diferencia fue la que nosotros percibimos la primera vez que la vimos.
Ahora esta mujer era un ente, la piel seca, casi pegada a los huesos, muy delgada y desgreñada, con la ropa sucia y casi descalza. Los primeros días que la vimos nos pareció bonita, era una campesina de  piel blanca y cabellos claros, su esposo también tenía los mismos rasgos, y por supuesto los niños eran hermosos, por su acento dedujimos que provenía de la zona paisa del interior de nuestro país.
Había días que la veíamos y otros no, no dejamos de darle nuestra ayuda, y muchas personas lo hacían, pero como todo en esta vida se vuelve costumbre, también nos acostumbramos a verla y a conformarnos con ver como transcurría su vida, al fin y al cabo no era la nuestra.
Pero, tal parece que esta mujer aún tenía que vivir más desgracias, y nuevamente ocurre lo mismo, nuevamente y sin saber si las intenciones son buenas o malas, un día cualquiera estando en el lugar de siempre, se le acerca una mujer y le dice que le dé a su hijita que ella la cuidará, ella lógicamente se niega, pero la mujer le quita la niña, la más grandecita y tomándola de la mano corre hacía un carro y la sube y desaparecen entre el tráfico.
Ella sin fuerzas grita pidiendo ayuda, que nadie le presta, indiferentes le preguntan que le pasa, pues supuestamente nadie se dio cuenta de nada.
Es tanto el dolor y la angustia que esta madre siente, que cae desmayada, pero ni siquiera esta situación conmueve a nadie, pasan por su lado sin importarles. La hijita pequeña llora prendida de su madre, que aún esta desmayada, de pronto algún vigilante que ha estado observando llama a la policía y vienen a ayudarla cuando ya nada se puede hacer.
Nuevamente le dicen que debe acudir a la policía a colocar un denuncio por el robo de su hija, y ella lo hace pero sucede lo mismo, debe esperar, hay que investigar.
Lo cierto es que ella está sola no tiene a nadie que le preste ayuda, no tiene valor para hacer nada, y seguro que sólo vive por su pequeña hijita que aún no camina.
Su familia estaba compuesta por cinco personas y ahora tan solo quedaban ella y su niña pequeña, ella dice que hubiera preferido morir a manos de los que les quitaron todo, porque hubiera sido una muerte rápida, pero esto que le ha tocado vivir es la muerte gota a gota,  que si no fuera por su hijita… encontrar la muerte sería lo mejor que le podía pasar.
Pasó poco tiempo para que ya nunca más la viéramos, no sabemos que pasaría con ella.  Nos contaba los últimos días que temía que le quitaran a su pequeña, que si eso llegara a suceder, ella se quitaría la vida, pues ya nada tendría importancia para seguir viviendo.
Creemos que vivían en  la Calle del Cartucho, o allí pasaban las noches, nos decía que era horrible vivir en ese lugar, pero que no tenía más a donde ir, al menos allí podía dormir bajo techo en alguna casa vieja…. que cada vez corría más peligro tanto ella como su niña.
Y así pasaron los días y los meses, nosotros no la olvidamos, siempre esperábamos encontrarla en el andén donde siempre estaba, pero por lo visto ya no volvería más, y así fue ya nunca más volvió.
Haciendo una reflexión sobre la historia de esta familia, debemos pensar que, como ellos, son miles los que llegan a nuestras ciudades principales obligados con la idea de hacer una nueva vida, pero eso puede suceder muy pocas veces, porque en las ciudades somos indolentes, indiferentes, y ya es costumbre ver a familias enteras de desplazados viviendo en las calles.
Lo peor es que pensamos que estos son problemas que le atañen solo al gobierno, que son ellos los que deben solucionarlos, y mientras estamos divagando de quien es la responsabilidad, muchas familias como la de esta historia, están siendo destruidas por la  injusticia, el abandono, la indiferencia, terminando muchos en la drogadicción y la delincuencia, especialmente los niños y jóvenes.
Hago un elogio a esta mujer que conocí, una campesina sencilla, madre buena, esposa valiente, porque uno tiene que ser muy valiente para soportar todo lo que a ella le sucedió, nunca supimos como terminaría su vida, o puede ser que aún esté viva y que la vida le haya retribuido en bondades todo su sufrimiento, es probable que sus hijos estén bien, muy seguro nada recordarán pues eran muy pequeños, que los hayan ubicado en hogares buenos y que hayan encontrado otros padres que al igual que los propios les hayan brindado mucho amor.
Las lágrimas han corrido por mis mejillas escribiendo esta historia, pero siento que era un deber hacerlo, porque siempre mi conciencia me lo ha reprochado, creo que pude haber hecho mucho más de lo que hice, ahora me quedo algo tranquila porque quien lo lea puede llegar a entender un poco más el problema que día a día se vive en las calles de nuestras ciudades, con personas a quienes muchas veces juzgamos y rechazamos, que están ahí, en los semáforos, en los andenes luchando por vivir, no siendo culpables de lo que les pasa. Los culpables tan solo son los que están sentados dirigiendo un país que socialmente esta cada vez peor, mientras que los corruptos sacan provecho de esta situación.

Escrito por : María Consuelo Idrobo
Cali, Julio 2012

miércoles, 11 de julio de 2012

Manojo de Sueños



Manojo de sueños



Del pensamiento
Quisiera
Hacer un manojo de sueños
En las manos del viento
Elevarlos
A la realidad del tiempo

Sueños y melancolía
Tristeza del alma
En la lejanía
Suspiros de recuerdos
Que el viento se lleva

Puedo mirarlos, a lo lejos
Como mis ilusiones y anhelos
Se fue el tiempo
Como se va el viento
Nada fue como soñé


Escrito por : María Consuelo Idrobo
Cali, Octubre 2002
D.R.A.


domingo, 8 de julio de 2012


VISITA A CRISTALITA
Escrito por
María Consuelo Idrobo

En una casita pequeña ubicada en un tranquilo y hermoso bosque, rodeada de árboles y flores de varias clases y colores, vivía con sus padres y sus hermanos, una preciosa niña muy tierna y dulce,  llamada Ariana, muy obediente, y respetuosa con sus padres a quienes quería mucho.
Ariana amaba, cuidaba y respetaba su entorno, sabía que aquel lugar era hermoso por la naturaleza que lo rodeaba.
Por ser como era, siempre tenía sueños lindos, en uno de esos sueños se encontró viajando en el lomo de un ave  grande y bella, de un plumaje de vistosos colores, que decía llamarse Vistosina, y que además le hablaba, diciéndole: “Hola Ariana, como eres una niña tan juiciosa y especial, quiero llevarte sobre mi lomo a conocer lugares lejanos,  pero esta noche quiero que visitemos a unos amigos que tengo en un planeta llamado Cristalita”
¿Viajaré sobre tu lomo? Pregunta Ariana,  si, le contesta Vistosina, pero no temas, viajarás muy segura, y podrás apreciar la belleza y los colores de las estrellas. ¡Está bien, iré contigo en este viaje de mis sueños!
 Ariana disfruta de un increíble viaje a las estrellas, hasta llegar a Cristalita, en este planeta  todo es blanco y brillante, con muchos árboles, muchas flores y ríos de cristal.
 La naturaleza es maravillosa,  llena de lindos colores tornasol, desde lo alto este hermoso lugar  brilla asemejándose a un  diamante gigante. Los habitantes de Cristalita son seres pequeñitos y se les llama gnomitos,  son gorditos, de caras redondas y cachetes rosados, ojos pequeñitos de miradas dulces.
Porque son bondadosos, sabios, y alegres, su corazón también brilla, por eso de su pecho siempre salen rayitos de luz que iluminan cada lugar donde se encuentran. Visten  pantalones bombachos, y casi siempre llevan un gorro terminado en punta. 
Esta visita es un gran acontecimiento en Cristalita, los gnomitos con timidez se arremolinan alrededor de Ariana, pues es una niña muy diferente a ellos, todos quieren mirarla bien, quieren tocarla,  corren, saltan y dan vueltas tratando de lograr una buena ubicación para estar cerca de ella.
 Poco a poco van perdiendo su timidez, son muy atentos  y educados, la saludan, le dan la bienvenida, le brindan su amistad y empiezan a hablar con ella, se entienden muy bien, pues a pesar de vivir en otro lugar tan distante, tienen el mismo idioma.
Le cuentan que también van al colegio a aprender muchas cosas, entre ellas, a valorar todo lo que tienen,  pues son muy afortunados de vivir en Cristalita, de tener familias  bonitas y amorosas, de contar con compañeros buenos que siempre están colaborando y ayudándose entre si. ! Hay mucho amor en este lugar!
Estando Ariana hablando con ellos sucede que un gnomito muy travieso llamado Marion se cayó de un árbol, donde se había subido para verla mejor.
Marion se golpeó una pierna y le dolía mucho, todos los gnomitos se preocuparon y no sabían que hacer en medio de la confusión, pues Marion lloraba porque sentía mucho dolor.
En esos momentos  Ariana recordó que tenía una pomada para los golpes en el bolsillo de su pijama, y le dice a Marion:
Cálmate, ya te pasará, he traído conmigo un remedio que te voy a aplicar en la pierna donde te golpeaste, y ya verás que en poco tiempo el dolor desaparecerá”.
Ariana procedió a masajear la pierna de Marión, como ella era una niña tan buena, lo hacía con mucho amor y a medida que pasaba su mano,  poco a poco  el dolor iba desapareciendo  logrando con esto calmar el llanto de Marion.
Todos los gnomitos estaban agradecidos con Ariana por su gran bondad y disposición a ayudar a los demás.
Por esta razón se reunieron  y pensaban como agradecer a Ariana por este proceder,  y decidieron regalarle un corazón que también brillara como el de ellos.
Al despedirse le dicen: “Ariana, siempre serás bien recibida, deseamos que regreses pronto” Ella les contesta: “Gracias amiguitos, quiero regresar y pasar más tiempo con ustedes, los llevo en mi corazón que ahora brilla de amor”
Desde aquella noche, Ariana siempre mira al cielo tratando de ubicar aquel planeta llamado Cristalita, y espera que en sus sueños, pronto regrese Vistosina para que la lleve nuevamente a visitar a sus amiguitos a quienes quiere mucho.
Mientras en  Cristalita, sus habitantes siempre al mirar al cielo, verán la luz de su corazón.
Fin

Debemos tener en nuestro corazón mucho amor y bondad hacia los demás, y siempre estar dispuestos a ayudar.

Autor: María Consuelo Idrobo
mariaceidrobo@hotmail.com